Dejamos la casa familiar
Hace pocos días el cuarto de Tula literalmente quedó triste y vacío pues desocupamos la casa familiar para entregarla a los nuevos dueños. Lo agradable fue que estuvo con nosotros el nieto de Esperanza como representante de la cuarta generación para sellar la historia de la familia. Me dio mucha nostalgia desprenderme de la llave que simbólicamente decía que ya acababa una larga etapa. Como dice el tango: "Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando..." Los viejos ya no están, pero todo continúa. Estamos agradecidos por la herencia material y sobre todo por lo que dejaron en cada uno de nosotros.
